CIRCULAR EN EL BISAURIN

Si el mal tiempo del sábado anterior nos llevó a suspender la salida, el tres de agosto fue un día extraordinario. Un poco cálido, quizás, pero inmejorable: cielo azul y buena temperatura aunque a medida que avanzaba el día, el viento sur calentara demasiado.
Dejamos el refugio de Lizara después de la 8:30 y, por la sombra y en una larga fila de 16 personas, fuimos dejando atrás los dos refugios del camino hasta llegar a los pastizales de la Pleta de la Mistresa. Tras dos horas de coche y hora y pico de andada se nos habían despertado todos gusanillos del estómago y cuando ya había llegado la hora del almuerzo, desapareció el riachuelo que nos había guiado en el camino y tuvimos que bajar unos metros a su encuentro, por si acaso y sin demasiadas ganas, bien es cierto, en busca de agua fresca. Una del grupo, sin embargo, se negó a perder unos metros.


 


Después de comer y beber y con las cantimploras llenas, acometimos la ascensión bastante desperdigadas/os y tuvimos que cruzar un pequeño nevero para tomar a la izquierda antes del collado de Secús. Esta fue la parte un poco más difícil del recorrido y tuvimos que ascender algunos tramos agarrados/as a la roca. Los jovencitos Mikel y Egoitz, gozando. Amalia, que la habíamos engañado. A pesar de todo, para cuando nos dimos cuenta estábamos en el collado superior (alguna se enfadará al leer esto, porque con una pequeña pájara amenazó incluso con empezar a bajar) y, después de reagruparnos y echarnos un traguico nos dirigimos hacia la derecha por la última empinada rampa herbosa bajo la mirada de un silencioso avión blanco sin motor de largas alas.

Al llegar a la cima oriental nos dimos cuenta de que el Bisaurín había estado oculto todo el camino, hasta que vimos un montón de gente un poco más adelante. Ésa era, efectivamente, nuestra meta y premio. Paisaje maravilloso mirara donde se mirara: el Castillo de Acher, el sombrío Midi d’Ousseau y, más al este, Vignemale, los Infiernos y un largo etcétera. Poca nieve, por desgracia, menos cada año.

Buzón del Bisaurin

Centro: Castillo de Acher

En el centro el Midi d’Ousseau

Tras picar algo, robarle los últimos tragos a la bota y la consabida sesión fotográfica, el largo descenso antes de la comida. La primera parte, para hacerla con cuidado si no se quiere llevar alguna culada. A pesar de todo… Nos volvimos a reagrupar en el collado de Lo Foratón. Pero no todo el grupo, porque Asentsio ya había ido para entonces en busca de Kontxi. Todavía había que descender 500m por la cómoda senda del GR11. Amalia, que quería subidas. Tras disfrutar del agua fresca de una imprevista fuente, seguimos hacia el refugio. La última etapa. La fuente de Fuenfría y la comida nos espera en Lizara.


La gente, contenta. Para algunos/as era la primera experiencia en los Pirineos y, a pesar de ser duro, a gusto. Dispuestos y dispuestas para volver a otra.

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